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Bolsas plásticas: un veneno para el ecosistema

Las malas noticias sobre el efecto negativo que vienen teniendo las especies marinas, frente al impacto que reciben como consecuencia del cambio climático y el consumo de microplástico producto de actividades antrópicas, han prendido las alarmas en el sector científico y ambientalista.

Hay muchos efectos sorpresivos con el calentamiento global. Se ha determinado por estudios científicos, que los salmones pueden disminuir su tamaño en un 30 por ciento. Todo esto es consecuencia de las actividades humanas, que han afectado la capacidad biológica que tienen los seres vivos para adaptarse a los cambios y el tema de esta especie es una de esas consecuencias.

Para Briggitte Baptiste, directora del Instituto Von Humboldt, la mejor forma de entender esta situación, es pensar en la cantidad de bolsas plásticas que se utilizan diariamente y que luego van a para a los botaderos de basura al aire libre o que la gente deja volar por el campo, no importa si son empaques de abono o las bolsas que se entregan en los supermercados.

Estos plásticos son rasgados por el viento o la vegetación. Se pueden ver muy a menudo colgados en las ramas de los bosques o a las orillas de los ríos. Luego por efectos de la brisa terminan en los cuerpos de agua.

En todo este círculo de contaminación, sufren un proceso de descomposición, que explicó detalladamente Baptiste. “En la medida que se van rompiendo y quedan expuesto al sol, al calor, a la humedad y los químicos del suelo, se van volviendo trocitos, pero siguen siendo plástico, que se mezclan la arena de los ríos y se van moliendo, hasta que quedan del tamaño de un grano de arena o aún más pequeños”.

En este punto es cuando tienen contacto con la fauna acuática. “Cuando eso pasa, animales como los invertebrados, los peces más pequeños o las larvas de las ranas, los confunden fácilmente con comida, como si fuese alimento, así parecido al que se le da a las tilapias”.

La ingesta de los mencionados residuos causa un enorme daño, en estos diminutos organismos. “Ese plástico no se digiere, sino que se va quedando en los intestinos o en los órganos de estos animalitos, generando tumores y después la muerte.”

Como si fuera poco, además de la muerte por atoramiento, muchas de estas especies mueren por intoxicación, debido a que estas micropartículas “van cambiando químicamente y los va envenenando, porque los plásticos tienen colorantes y químicos”.

De esta manera se produce una alteración al ecosistema acuático. “Eso hace que hayamos modificado toda la cadena de alimentación de la vida silvestre”. Sin embargo este fenómeno también se ha podido evidenciar en especies terrestres.

“Eso también lo encuentran en el Llano. En Casanare se presentaron casos de tortugas ahogadas con los anillos de las cervezas, pero también se encuentran delfines con bolsas plásticas en sus intestinos, en fin, el plástico desde hace rato se ha convertido en un problema grave para la fauna silvestre y por ende para nosotros mismos, que acabamos afectados cuando a veces consumimos esos animales, producto de la pesca o la cacería”, señaló la directora del Instituto Von Humboldt.

Cobrar por las bolsas en los supermercados

Como medida para reducir el consumo de bolsas plásticas, desde el año pasado en Colombia se viene cobrando en los supermercados por estos elementos. Para Briggitte Baptiste esta práctica es vergonzosa.

“No sé en qué se dejaron de utilizar las bolsas de papel y se dejaron de utilizar los canastos, las bolsas de pera, las mochilas, que era lo que utilizábamos siempre para envolver todo, para preservar los alimentos, para ir a mercar y ahora todo se envuelve en bolsas de plástico”, repuso.

Exaltó como positivas las propuestas de empaques biodegradables, amigables con el medio ambiente, que se obtienen de distintos materiales como el almidón de yuca o de maíz. Sin embargo, hizo hincapié en lo que llamó un mal menor y es la demanda tanto de agua como de energía, necesaria para su producción.

Por eso es partidaria de otro tipo de soluciones. “Definitivamente deberíamos pensar, que la mejor opción no es tratar de minimizar el uso de empaques. Mejor volver a usar la totuma, bolsas de tejidos con fibras naturales”.

Propuesta que tiene otra ventaja y es revivir toda la tradición artesanal, que gira en torno a estos productos. “Podemos darle nuevos usos a esas fibras, que están siendo cada vez más olvidadas o sino pregunte en las fincas, quién todavía sabe tejer cumare o quién sabe manejar esos productos tan maravillosos que tenemos”.

Precisamente para no dejar morir estas costumbres, propuso que se enseñen en las aulas de clase. “Que bien que en los colegios o que el Sena volviera a fortalecer esas capacidades”.

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