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El centro del mundo está en Colombia: reflexiones de un viaje al Guaviare

Mesetas, Meta, Vereda La Argentina, entrega de armas, cascadas escondidas, piscinas naturales en medio de una selva que la guerra ha resguardado, casas que parecen haber resurgido hace un par de años y un campo de desminadores[1]. Se me hace un nudo en la garganta, tanta belleza y tanto dolor…Esperanza.

En diciembre del año pasado por fin fui a visitar La Lindosa, la entrada al gran Chiribiquete, un lugar que todos deberíamos conocer, pues está cargado de historia y es además deslumbrante. Este escrito solo pretende compartir algunas de mis reflexiones sobre ese viaje y provocar a los lectores para que lo conozcan.

Capítulo I: PNN La Macarena, quién iba a pensarlo, otra vez cerca de la magia…

Hace 20 años estuve allí, en un curso corto cuando era estudiante de biología, en ese entonces era zona de distención y significaba un riesgo y una aventura estar allá.  Ese lugar me marcó, es la selva más impresionante en la que he estado, pero también donde he visto el conflicto armado más de cerca.

Por eso estaba de nuevo al borde del llanto, me parecía increíble haber llegado a este lugar en mi carro, como si nada, claro una cosa es lo que se ve y otra la realidad, pero allá estábamos, después del Acuerdo de Paz.Ésta fue sólo una parada corta de nuestra ruta hacía San José del Guaviare, en la que me aventuré con mi hermana para celebrar su cumpleaños.

Después de dos días de viaje desde Yopal, llegamos a un lugarcito que habíamos reservado para dormir. Para llegar a la cabaña había que dejar el carro en una finca vecina, viajar en moto unos 5 km haciendo equilibrio para no dejarse caer en el barro, cruzar un caño en canoa, alumbrar el camino, luchar con los zancudos y llegar a dormir bajo el toldillo. No, no estaba trabajando, es que el trabajo es la vida y la vida el trabajo.

Capitulo III: Macarenia clavigera: Lost, el mundo perdido

Al día siguiente, por las condiciones de las vías y el por el placer de andar en bici alquilamos un par de ellas en San José y arrancamos a pedalear por un terreno medio plano, con arena roja, unos 36 km un poco infernales. Había calor y humedad, la lluvia amenazaba y caía y al instante salía el sol, la humedad se levantaba, hasta que volvía a llover y refrescaba, pero la recompensa: unos pozos de ensueño.

En medio de un paisaje prehistórico, no creo que ese sea el término, pero así me pareció, el agua brotaba de la tierra y corría por el suelo, que está cubierto de piedras, agua por todo lado, agua llena de taninos que vienen de las hojas de los árboles, quizás los pozos más lindos en los que me he bañado, La Recebera.

Para cerrar el viaje, teníamos que conocer a la gran Macarenia clavigera, unas plantas acuáticas que fueron vistas en La Macarena por primera vez, ellas se clavan a la piedra (de allí el nombre de la especie) y parecen pequeñas meducitas, que dan ganas de tocar y entender (tuve que resistirme a tocar y arrancar una para verle sus hoijtas más de cerca). Esto parece de mentiras…

Y finalmente la gran Puerta de Orión, estando allí prometí informarme más y entender el significado de este lugar, y todo lo que había visto los días anteriores,[1] seguramente es sorprendente. Allí llegamos solas entre laberintos de piedras y plantas que crecen sobre ellas, yo me sentía como en Lost, el mundo perdido.

Capitulo IV: San José, ciudad con río

Ya en la ciudad, siempre buscando algo local, algo que nos narrará la vida en el pueblo, fuimos camino al puerto, me encantan los puertos, la magia de los ríos. San José es la primera ciudad del departamento del Guaviare, y aunque de ahí en adelante pareciera no haber nada, seguro hay mucho, carreteras pocas, pistas de aterrizaje precarias y el río, el río que conecta a todos.

[1] Campamento donde viven personas encargadas de desmontar las minas quiebrapatas

[2] https://www.france24.com/es/am%C3%A9rica-latina/20201208-colombia-descubrimiento-arte-rupestre-polemica

[3] Para saber más sobre el chiribiquete puede leer Chiribiquete: La Maloka Cósmica de los hombres jaguar por Carlos Castaño Uribe

Por: Andrea Barrera Zambrano.

 

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