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Crónicas de Violeta

La calle es dura.

Probablemente usted también escuchó en algún momento de su vida la frase “La calle está dura” y créame que no hay frase más cierta.  La calle puede ser historia, experiencia, color, sabor, talento, calor humano, como también puede ser crueldad; Es la memoria viva de los cambios de pensamiento y el lugar donde surgen también la mayoría de problemáticas sociales. Todo es cuestión de perspectiva.

¿Qué es lo primero que piensa cuando escucha la palabra calle? Para algunos, frivolidad, lujuria, peligro y para otros es alegría, madurez, experiencia, trabajo. De todas formas, es importante rescatar un poco las cosas buenas que nos ofrece este escenario.

Desde ese actor que deambula por las poblaciones y ha sido testigo de un centenar de eventualidades como lo es el habitante de calle, esa persona que a muchos les produce asco y por tal motivo son tratados como delincuentes o como si fueran el eslabón más débil de la cadena, una “plaga”. Pero se sorprenderían de la sabiduría que poseen. 

Hasta la importante labor de la señora o el señor comerciante que se levanta muy temprano para aprovechar el día y vender sus productos para poder darle una vida digna a su familia o aquella persona que de manera voluntaria decide ingresar a la defensa civil o a bomberos arriesgando hasta su propia vida, tan solo para de esta manera contribuir en el bienestar de la sociedad.

¿Se han puesto a pensar en algún momento en el gran papel que juegan estos personajes en nuestra vida cotidiana? En una era digital donde centramos nuestra atención en cosas en su mayoría banales, pasando por alto pequeños detalles que nos rodean y que no agradecemos el privilegio que tenemos de poderlos presenciar.

A modo de ejemplo haré la siguiente apreciación. Cuánto tiempo llevaba pasando por la misma calle antes de darse cuenta que en esta época los árboles florecen y cubren con sus hojas las calles vistiéndolas de gala.

Cuántas se ha detenido a aprecia el paisaje cuando va de camino a su trabajo. Cuántas veces le ha preguntado como amanece a esa persona que le ayuda a parquear su moto o vehículo o a la señora que le vende el café y el cigarrillo en el parque.

El rebusque es casi la característica por excelencia del colombiano. En nuestro país más de 26 por ciento de la población trabaja de manera informal. Por lo tanto, este gremio de los colombianos conforma ese sentimiento de “empuje” y “verraquera” para poder sobrevivir.  Definitivamente, sí, la calle está dura y una prueba fehaciente de esto es una vendedora ambulante cabeza de familia, quién muy amablemente me contó su vida mientras me tomaba un tinto o café y quién me pidió el favor que le cambiara el nombre así que la llamaré Inés y esta es su historia:

Tenía tan solo 13 años de edad cuando asesinaron a Jorge Eliecer Gaitán, suceso históricamente llamado “El Bogotazo”, en esta época ella junto a sus hermanos quedaron huérfanos de padre y madre, así que la violencia la obligaría a ella y a su familia a salir de Santander, su tierra natal, para buscar nuevas oportunidades.

Desplazada por la violencia, y con el sufrimiento de no solo haber perdido a sus padres, sino perderlo todo. Ya que su vivienda fue incendiada por grupos al margen de la ley, no les quedó otra alternativa que vivir en la calle, hasta que se les dio la oportunidad de empezar a trabajar en ella, vendiendo en su carrito diferentes productos.

Expuestos a la intemperie, trabajando más de nueve horas diarias, los 7 días de la semana durante los 12 meses del año, queriendo descansar, pero sin la oportunidad de hacerlo, porque para ella el repose se traduce en ausencia de ingresos.

Inés siempre le ofrece una cálida sonrisa a cada persona que se acerca a adquirir alguno de los productos que tiene en su carrito. Con esta actividad ha logrado sacar a su familia adelante y afirma haber tenido a la mejor maestra de vida la calle, que, aunque por muy dura y fría que sea, siempre será el mejor baúl de historias y secretos.

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