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El Yopal que se quiere y el arboricidio de la marginal de la selva.

A mansalva y con la venia de Corporinoquia, – una entidad secuestrada hace tiempo por los intereses de la camarilla enturnada -, se cometió el arboricidio que confirma las razones por las cuáles existe tan alto grado de desaprobación ciudadana y desconfianza hacia ella entre los Casanareños.

La tala debió hacerse, como se firman muchos contratos en Casanare, fuera del horario usual, eso sí habilitado legalmente, quizás a partir de las 9 de la noche, pues nadie dio cuenta que se estaba perpetrando y es cuando habitualmente aparecen, las cucarachas, los ratones, etc. etc. y a partir de la cual se tiene derecho a recibir el recargo de un 75%, claro está, me refiero al salario por trabajar las horas extras, no sean malpensados.

¿Se imaginan la logística para talar 404 árboles?  ¿El número de camiones requeridos? ¿El número de motosierras utilizadas ?; más de una, como las que usaban quienes perpetraban masacres, y por supuesto más- acre, no puede ser símil para esta situación botánica, talvez menos Acre, un estado del Brasil azotado por la deforestación de sus selvas. ¿Cuántos operarios estarían involucrados en la milimétrica operación? No, para que fuera sobre segura, pues no se trata de ningún delito-, o aprovechando el toque de queda de la cuarentena, porque para eso están las excepciones a ella, ni para que no nos demos cuenta, porque es el horario de descanso. No señores, nada de eso, es como decimos los abogados por la potísima razón, de no causar traumatismo en el tráfico de tan importantísima vía, Y para ello tocaba hacerlo de una, no D1, la marca de almacenes de los Santodomingo.

Algún ambientalista expresó que “el mal ya estaba hecho”, y que él se hubiera encadenado a uno de esos árboles. Tiene razón y lo hubiéramos acompañado, pero después del ojo afuera no hay Santa Lucía que valga; aunque en la entidad prenombrada dizque hubo una funcionaria que se lucía por hacerlos. No, no, no, para eso están todos los permisos en regla, como cierto dogma religioso, se atravesó al sentir ciudadano, sin romperlo ni mancharlo, como sí se tratará de un himen complaciente. Es para cumplir el loable fin de que Yopal tenga otra ciclovía, así las que existen estén invadidas por comerciantes, abandonadas, desarticuladas y cuando están pendientes el cumplimiento de muchas sentencias de acciones populares, relacionadas con obras de saneamiento ambiental. ¿Qué pensarán del costo de la obra, – aproximado al monto del endeudamiento que pretende el Alcalde de Yopal, por vía de ejemplo, la comunidad vecina del Caño Usivar? ¿Dónde está la pertinencia del gasto público y su priorización? En este caso mientras que no haya voluntad política, para la construcción de obras pendiente hace años, que huelan mier-coles jueves y demás días de la semana a putrefacto como muchos contratos públicos.

Surgen algunas preguntas, por supuesto no superarán las 404 que fue el número de árboles talados. ¿Cuándo se socializo ese proyecto de ciclovía? ¿Consta que la comunidad fue informada, de que incluía la tala de ese número de árboles? ¿Por qué su diseño arquitectónico no respetó e integró la presencia de esos 404 árboles?  Sí el proyecto cuesta como aparece en fotos, $ 32.500  millones, ¿Cuáles eran los términos de su componente y concepto ambiental?

Ahora interesados en la construcción de otras ciclovías, harán lo mismo afirmando que es distinto. En este caso se echó por la alcantarilla, la muy buena idea del circuito del agua. Los ciclistas, que están haciendo deporte en el Parque de la Iguana; o los que transitan la vía a Sirivana, que expresen su opinión, porque entre autoridades hay un pacto de silencio. Que cuenten acerca de hacer deporte bajo la sombra, en medio de los árboles y a cualquier hora del día. Mientras, esa ciclovía habrá de usarse antes de que salga o cuando se vaya el sol. Como cuando debieron talar esos 404 árboles, inmisericordemente después de muchos años de crecimiento, sanos la mayoría. Los arboricidas no solo existen, en el Amazonas, Chocó o en la Serranía de las Quinchas en Boyacá, también los hay urbanos, de oficina, perfumados y bien vestidos, como los de la Marginal de la selva. 

Miguel Alfonso Pérez Figueredo

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