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Pupitres en el campo

 

Educación, ruralidad y pandemia.

La pandemia por COVID-19 ha desatado una crisis sin precedentes en todos los ámbitos. En el sector de la educación, esta emergencia ha implicado el cierre masivo de las actividades presenciales de instituciones educativas en más de 190 países con el fin de evitar la propagación del virus y mitigar su impacto.

Gran parte de las medidas que los países de la región han adoptado ante la crisis se relacionan con la suspensión de las clases presenciales en todos los niveles, lo que ha dado origen a tres campos de acción principales: el despliegue de modalidades de aprendizaje a distancia, mediante la utilización de una diversidad de formatos y plataformas (con o sin uso de tecnología); el apoyo y la movilización del personal y las comunidades educativas, y la atención a la salud y el bienestar integral de sus estudiantes.

Y bueno, si bien es importante tener este contexto, también es importante conocer las historias de la educación de nuestro territorio. El Departamento de Casanare cuenta con más de 200 establecimientos educativos, de los cuales alrededor de 75 están ubicados en la zona rural y semiurbana. Su situación no ha sido diferente a los otros países de la región, sus puertas se cerraron y se desencadenaron una serie de retos para estudiantes, padres de familia y por supuesto para los docentes.

Y sí, los y las docentes desde ese 25 de marzo de 2020, fecha en la que inició el confinamiento en Colombia, se enfrentaron a la incertidumbre y a la frustración pero también los retó a probar diferentes estrategias para crear condiciones de aprendizaje con sus estudiantes.

Para el profesor Filemón Pérez, quien desempeña su labor educativa en la vereda La Niata de Yopal, la primera situación traumática fue que sus estudiantes se empezaran a desplazar a otros municipios junto a sus familias, esto hizo que de repente uno resultara en Paz de Ariporo, otro en San Luis de Palenque, y así…. En otros casos, se encontró con madres cabeza de hogar, con más de tres hijos que bajo esta condición no lograban apoyarlos con el desarrollo de las guías; y a esto se sumó que muchos de sus alumnos, no contaban con conexión a internet, inclusive, algunos no tenían ni celular para comunicarse.

Pero el profesor Filemón no se quedó con eso, por lo que se subió a la moto y empezó a ir a las casas de sus estudiantes. El recorrió trayectos de una hora o más para darle clases a los niños y niñas de primer grado, casa a casa, en ocasiones de hasta cinco niños a la vez, y aunque siempre con el temor del contagio, él siempre ha tenido algo claro, ellos son su motivación, él trabaja para ellos y seguirá haciendo lo necesario para que la pandemia no siga haciendo estragos en sus alumnos.

Ahora está a la espera de la aprobación para la alternancia, lo cual no ha sido fácil sencillamente porque aún no se ha logrado garantizar las condiciones que pide el Ministerio de Educación. Es algo que están pidiendo a gritos, no solo los docentes, sino también los estudiantes y padres de familia.

Pasará mucho tiempo para recuperar lo que se ha perdido en materia de educación con esta pandemia, y sí, se ha perdido mucho, es un año de retroceso que no sólo impacta este ámbito, sino en general el desarrollo de nuestro campo, de nuestras ciudades, de nuestro país.

Pero no nos podemos quedar en lamentos, debemos ver las lecciones que nos ha dado esta crisis, valorar lo que teníamos y mejorarlo, haciendo uso ahora de nuevas herramientas, de la innovación y la creatividad. Y como sabiamente dijo el profesor Filemón “Cuando volvamos será una oportunidad para darle a los niños y niñas, más de lo que les hemos dado, darles lo mejor”

 Por: Marcela Vega Saavedra

 

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