Home » Actualidad » Un día de trabajo en campo
Actualidad Opinión

Un día de trabajo en campo

Madrugo, son las 4:30 am y debo revisar los materiales para la jornada que alisté ayer. Cómo es mi proyecto de investigación soy la responsable de que todo salga bien. Caminar horas loma arriba para darse cuenta que se quedó la libreta y que no podemos trabajar es terrible. Así que toca ser cuidadosa.

Esta vez vamos a armar campamento en las montañas, así que debemos subir de todo: carpas, plásticos, aislantes, talegas de dormir o sleeping bags, ollas, estufa de gasolina, comida, más el equipo y materiales usuales: GPS, pintura amarilla, láminas, martillos, decámetro, puntillas. Somos un equipo de 5, dos voluntarios, dos asistentes de campo y yo.

Desayunamos a las 6 am, nos pasan el almuerzo en portacomidas, subimos al carro y arrancamos por 45 minutos por trocha subiendo de 1300 metros sobre el nivel del mar a 1900 metros. Parqueamos, descargamos las cosas donde el mulero nos dijo, y arrancamos la subida.

Es un poco más de 1 hora de camino, por una trocha súper pendiente y llena de barro. Cuando digo pendiente es que a veces uno levanta la cabeza y le da la sensación de ver un muro enfrente, que igual, paso a paso se va dejando atrás. Cada cual va a su ritmo, sin hablar mucho porque la fatiga no deja. Cada uno con sus pensamientos y su atención a cada paso que se da. Uno va buscando la roca, la raíz o el tronquito entre el barro para evitar el desgaste de la enterrada y la sacada del pie. Así, vamos envueltos por la neblina, con el canto de las aves y el “squish” de nuestros pasos.

Tal vez piensen que es una escena terrible, pero no lo es. Al contrario, para mí es lo más cercano a la meditación, una meditación donde el cuerpo echa mano de su sabiduría innata para tomar decisiones solito, mientras la mente queda libre. Llegan ideas y recuerdos que van pasando, llegan estímulos como una brisa, el olor de una planta, el color rojo encendido de una hoja en medio del verde… Es una sensación realmente maravillosa.

Y así, finalmente llegamos a los 2200 m sobre el nivel del mar que es a donde queríamos llegar. Tomamos agua, nos organizamos, y a trabajar. Venimos en un proyecto para estudiar la vegetación y su relación con la neblina. Ahora sólo debemos a delimitar las áreas y los árboles que se incluirán en el estudio y para esto debemos marcar unas parcelas de 5 m x 50 m mandando un pita en la línea más recta posible. Suena fácil, pero no lo es.

Manuel es piquero, abre picas (caminos), es muy bueno, no se tuerce y va con la peinilla abriendo camino, atrás va Jeisson el voluntario, un estudiante de la Unisangil con el decámetro y la pita. Atrás queda Yhony, el otro asistente, y Lorena, una bióloga de la Unitrópico también voluntaria, dando cuerda y revisando el decámetro. Yo voy en el medio verificando que vayamos bien.

Se terminan los 50 m, y comenzamos a marcar todos los árboles con más de 15.7 cm de circunferencia a la altura del pecho que queden a menos de 2.5 m a lado y lado de la pita. Lorena nos va asignando las láminas numeradas. Manuel y Yhony llevan el metro de costureras colgado en el cuello para revisar los árboles que cumplen con la circunferencia y vamos verificando la distancia a la pita. Si el árbol entra le pondremos una lámina metálica con un número. Jeisson y yo vamos pintando las marcas donde se les midió la circunferencia.

Dentro de unos días vendrán los botánicos, quienes revisarán árbol por árbol, tomando una muestra para saber qué especies hay en la zona. Eso que ellos colecten irá al herbario de la Universidad Distrital, con una etiqueta que nos incluye a todos y que dice donde se colectó la muestra, pero eso viene mucho después. Por ahora, sólo adelantamos la marcada.

Así se nos pasa el día hasta las 4 pm, cuando regresamos a montar el campamento. Una pasta con atún, una aguapanela, y a las 7 pm, nos vamos a dormir. Llueve, suena el agua sobre el plástico, y el cansancio nos lleva al sueño.

Por todo esto es que estudié biología, porque en la montaña uno se siente pequeñito y al mismo tiempo grande, porque en campo la función de cada uno es tan valiosa como la del otro, porque cuando nos sentamos a descansar llenos de orgullo y de historias del día se vive una fraternidad y complicidad única. Realmente lo pienso y me siento muy afortunada, encontré la forma de aportar un granito de arena al conocimiento de la humanidad, me gano la vida así, y me hace muy feliz.

Un agradecimiento muy especial a todos quienes me han acompañado en campo en todos estos años de trabajo.

Por: Beatriz Ramírez.

Publicaciones Relacionadas

Cargando....

Este sitio web utiliza cookies para mejorar su experiencia. Asumiremos que estás de acuerdo con esto, pero puedes optar por no participar si lo deseas. Acepto Leer más