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Violencia intrafamiliar en tiempos de Covid-19

Dialoguemos sobre ¿Cuáles son las justificaciones para que cada día haya más casos de violencia intrafamiliar?

Los tiempos de incertidumbre son demandantes emocionalmente. El no tener certeza de nada, los cambios tan drásticos en la manera cómo funcionan las cosas, lo complicado que se volvió hacer lo que antes era rutinario nos asfixia. Las cargas personales se suman a las cargas familiares, las dificultades insignificantes del pasado, ahora se ven como grandes montañas, inamovibles y más fuertes que nosotros, todo parece indicar que la solución es explotar, confrontar y lo único que se logra es agrandar el problema.

La violencia intrafamiliar es una realidad para muchos hogares y es un problema que preocupa desde hace tiempo. El objetivo siempre debe ser disminuir y erradicar la conducta violenta en la pareja y no igualar la agresión por parte de cada integrante, esto no se trata de una disputa de quien ejerce más violencia, sino de cómo logramos vivir mejor.

Haciendo un recorrido histórico desde 2005, Casanare figuraba según la Encuesta Nacional de Demografía en Salud (realizada cada cinco años por Profamilia, que analiza la realidad social del país) como uno de los departamentos en donde las mujeres más se quejaban de la violencia intrafamiliar, con frases como “usted no sirve para nada; usted nunca hace nada bien; y en donde la mujer no buscaba ayuda.

El panorama reflejado en la medición de 2010, sumaba a lo anterior, un alto índice de amenazas de agresión por parte de la pareja, en donde, las mujeres víctimas no asistían al médico ni buscaban ayuda, en su mayoría, por la creencia de poder arreglarlo sola, por vergüenza, humillación o porque la violencia no era considerada para tanto.

Aquí ocurre algo y es que más de la mitad de las mujeres se defendían agrediendo al esposo en el momento del ataque, pero también lo hacían, en menor medida, cuando no la estaba agrediendo.

En 2015, la Encuesta analiza la violencia para ambos sexos, encontrándose que la violencia psicológica es ejercida casi igualitariamente (mujeres =54,4%, hombres=51,7%). Con respecto a la violencia física, económica y sexual, el sometimiento de las mujeres por parte de los hombres es notorio y lejos de ser comparable.

Similar al año 2010, el 48% de las mujeres se defiende cuando está siendo maltratada y en menor medida ejerce acciones de agresión cuando no está siendo agredida. Aquí, ocurre algo de nuevo, y es que estamos en uno de los departamentos en donde los hombres más golpean a su pareja cuando ésta no los ha agredido, y esto ¿qué significa? Significa que la dinámica de violencia está normalizada en la pareja, los roles de agresor y víctima se dan de forma simultánea, las conductas agresivas y violentas se perciben como normales y por eso, no se denuncian y por eso, se siguen permitiendo.

Entonces, pasamos a un escenario de agresión en la pareja, en donde la violencia se desdibuja y se fija como una costumbre, como algo imposible de evitar, necesario para seguir juntos. ¿pero, cuales son las justificaciones para que cada día haya más casos de violencia intrafamiliar? Bueno, no son más que pensamientos y concepciones erróneas, como el pensar que aparentemente a las mujeres les gusta vivir situaciones de violencia o al incumplimiento de los roles de género impuestos que se reflejan en expresiones coloquiales como “una buena esposa obedece a su esposo” y aquí se puede atribuir equivocadamente a que sólo los hombres piensan en estas “excusas” para ejercer la violencia, pero la realidad es que también las mujeres creen estas justificaciones para permitir la violencia.

Yo considero, que el objetivo nunca será igualarnos en niveles de agresión provocados el uno hacía el otro, aquí no es la discusión del “yo no me dejo y por eso también [email protected] agredo” aquí el objetivo es disminuir y erradicar esas costumbres, esos hábitos propios que hemos reproducido año tras año, que nos impide salir de un circulo de infelicidad y vivir de una mejor manera, la realidad es bastante dura como para amargárnosla en el hogar, probablemente el mundo no vaya a cambiar, procura que al menos tu mundo, si lo haga, para bien.

Gissela Pérez Santos
Psicóloga

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