Mientras hago mis trámites para obtener mi tarjeta profesional de Arquitecto, por fin después de varios años, de una deuda bancaria cercana a los $ 78.411.366 y haber llevado a mi familia casi a la bancarrota en el intento de ser «alguien en la vida» me encuentro con otra barrera.
«Rebuscar» otra plata, exactamente $877.803 para obtener un documento público que acredite mi formación académica e idoneidad profesional en un área específica del conocimiento. en este caso la arquitectura, pareciera una nueva barrera burocrática a la que debo enfrentarme aun cuando ya no soporte una más.
Esto me parece contradictorio y me llena de indignación porque con mi esfuerzo y el de mi familia pague con creces mi derecho a la educación ya que el estado al que tributamos nos falló, se ha olvidado selectivamente de los jóvenes de departamentos como Casanare en los cuales la educación superior pública aun no aterriza del todo y a la fecha Unitrópico pública que es la única que suena en los discursos estatistas sigue siendo un sueño que parece truncarse de nuevo esta vez por cuenta de sus miembros fundadores.
Y es que es contradictorio porque ya he pagado a una institución Universitaria la suma de $33.000.000 mismos que sin dicho documento no habrían valido legalmente para nada, no se explica uno de donde sacar tanto dinero para sostener tanta burocracia de entidades que cobran y cobran pero no se ve para que, menos cuando evidentemente los bolsillos hace tiempo se rompieron y no por las sumas que cargan si no por los repetidos intentos de encontrar algo en ellos, los tiempos son difíciles y el panorama por mayor optimismo que poseas no es el más alentador, menos cuando según datos del mismo CPNAA (consejo profesional de arquitectura y sus profesiones auxiliares) la taza de desempleo para arquitectos jóvenes entre 1 y 5 años de experiencia ronda el 30% lo cual es despeluznante.
Aun así y con dichas cifras los mismos se atreven a cobrar la cuota más alta en comparación a otras entidades por una simple tarjeta profesional a esto hoy le denomino un completo asalto a los sueños a manos de un estado y de unas entidades poco austeras e indolentes que parecieran divertirse lanzando al vacío a todos los que queremos emprender.
Por: Eduardo Molano

