Me obsesioné con la fotografía hace más de 10 años, justo cuando me mudé a Yopal.
Eso hizo de mi cámara la excusa perfecta para explorar la ciudad y el deslumbrante mundo rural que la rodea. Con ella descubrí que el llano no es sólo llano, y que su gente es mucho más que sombreros ante un atardecer.
Así que decidí compartir mi mirada de a poquitos, y así mostrarles historias de un territorio y una gente que es muchas cosas a la vez.
Las abejas que no pican
Fotografías tomadas en zona rural de San Luis de Palenque y Trinidad

Recientemente aprendí que las abejas habitan el planeta desde hace más de 80 millones de años. La ciencia ha descubierto que existen cerca de 20 mil especies, de las cuales algunas de ellas han sido llamadas abejas sin aguijón.
En Colombia hay aproximadamente 120 especies de estas abejas, y 25 de ellas son criadas como actividad cultural o para la producción de miel y otros productos. Se les dice abejas sin aguijón porque su aguijón está atrofiado, o sea que no pican.

La abeja Melipona favosa es una abeja sin aguijón que fue muy popular en la cultura llanera donde era conocida como abeja mansita, abeja rayadita o pintadita. Sin embargo, con el paso del tiempo la tradición se debilitó, cambiaron las dinámicas productivas y los ecosistemas, y las abejas disminuyeron sus poblaciones.

Y bueno, aunque las abejas y su papel para la seguridad alimentaria de los territorios debería ser un tema mucho más posicionado, debatido y atendido, existen siempre historias de resistencia que nos recuerdan lo verdaderamente importante y el poder de las cosas pequeñas.
Esa es la historia de Don Héctor Abril, un llanero mayor de 70 años que vive en la vereda Los Chochos en Trinidad-Casanare, y quien se encontró y obsesionó con las abejas mansitas desde su juventud, y se dedicó a conocerlas, cuidarlas y conservar la tradición del uso alimenticio y medicinal de su miel.


Don Hector, quien se convirtió en un experto local en meliponicultura (el oficio de criar abejas mansitas), le enseñó a sus hijos y nietos, con quienes resguardan más de 100 colmenas.

Y bueno, recientemente los Abril, un grupo de familias de Trinidad y San Luis de la Palenque, de la mano de sus alcaldías, el Laboratorio de abejas de la Universidad Nacional, y ABC (una ONG local), se asociaron para crear el proyecto La miel de la biodiversidad, en el marco de un proyecto de cooperación internacional orientado a la conservación de las sabanas inundables llamado Riqueza Natural, financiado por USAID.

Y bueno, aunque el proyecto es un piloto que apenas empieza su segundo año, este ha sido el escenario para que varias familias aprendan a criar abejas mansitas, a restaurar sus predios, a organizarse en redes de aprendizaje y apoyo, a producir sosteniblemente su miel, y a dejarse sorprender con los secretos de la vida de una especie de la que todos dependemos.
Texto y fotografías: Natalia Roa López
