
Las excusas están a la orden del día, es increíble que a la fecha no haya avances en absolutamente nada por parte del Gobierno Nacional a lo largo del País. La economía destruida por completo, la Moneda Colombiana ha perdido significativamente su valor en el último año. La gran mayoría de vías representativas para la despensa del País se encuentran en mal estado, incluso, algunas no tienen acceso.
La seguridad es terrible, abunda el raponazo, fleteo, sicariato, drogadicción, prostitución, entre otros, en la gran mayoría de los municipios nacionales; las comunicaciones en los Departamentos más retirados de la Capital del País son deficientes, afectando la educación, entre otros derechos.
En el marco de esta pandemia, hemos podido vislumbrar lo incapaces que son las personas que se eligieron para dirigir el País (presidente-Congresistas). Vías sin acceso, de antaño se habla sobre la súper vía que comunica a Villavicencio con Bogotá, túneles de última generación; puentes de gran extensión y vías de cuatro carriles que no existen son lo que se evidencia en esta ruta.
Tanto es el olvido, la desidia, la falta de planeación, precaución y displicencia, que un incidente de la naturaleza tan común en esta zona desenmascara la ineptitud de los funcionarios del Gobierno, que, de contera, con la ayuda de la Fiscalía General de la Nación, como cereza de pastel, pretenden la preclusión de la investigación respecto de los responsables del desplome del Puente Chirajara.
Cuando en realidad se debería garantizar la locomoción, transporte y comercialización de los productos de nuestros campesinos del Meta y de otras regiones colindantes. Contrasta lo anterior con lo eficientes que son al momento de cobrar los peajes, que inclusive son los más costosos de Colombia.
Sin lugar a dudas no hay luces de un arreglo definitivo y a corto plazo, seguirán los comerciantes y ciudadanos con el problema de la vía. No menos diferente es la situación que afronta Casanare, sus vías actualmente son un desastre. Responsabilidad que recae indudablemente en el Gobierno Nacional, que pese a la existencia de contratos para la construcción de puentes que permitan la comunicación entre Casanare y Boyacá, estas ejecuciones son abandonadas por los contratistas, quedando las obras inconclusas.
Eso sí, los derrumbes constantes y frecuentes en los sectores son asumidos por los ciudadanos y los transportadores, quienes ven, en muchas de las ocasiones, su mercancía dañarse en las vías del Departamento y sus colindancias, sin que el Gobierno Departamental, y a su vez el Nacional se inmuten en dar una solución definitiva que garantice la movilidad entre estos departamentos, donde miles de campesinos no pueden en algunas oportunidades transportar el trabajo de todo un año, inclusive.
Es triste ver como el erario es invertido en maquinaria, mano de obra y materiales para remover constantemente los deslizamientos de las montañas, y a su vez, puentes iniciados, anticipos entregados a los contratistas sin solución de reintegro y los puentes ahí, sin uso, y abandonados, con un Gobierno indolente viendo como su gente padece inconmensurables peripecias para transportarse.
Es necesario garantizar soluciones de fondo para los sectores del transporte y el campesinado, recordando que los Llanos Orientales hacen parte de la despensa más importantes del País. Congresistas de la Región vanagloriándose con varios funcionarios del Gobierno Nacional mientras el pueblo sufre las inclemencias de la naturaleza sobre las vías sin solución definitiva a corto plazo, hablando siempre de contratos y de inversión de recursos públicos que nunca terminan materializándose en lo realmente necesario, sino en escándalos por coimas recibidas que acrecientan patrimonios personales.
Por otro lado, a diario vemos fleteos, sicariatos, drogadicción, en las calles de las principales ciudades, sin que exista un sistema de seguridad apropiado para la ciudadanía, donde se garanticen las diversas labores de cada ciudadano, sin riesgo que en la esquina pierda sus pertenencias y hasta su vida, y por cualquier situación de intolerancia no atendida con diligencia por la Policía Nacional pierdan la vida las personas del común, y peor aún, con impunidad.
Mientras tanto, se torna más relevante para el gobernante invertir billones de pesos en dotar a los funcionarios de policía con uniformes nuevos, cómo si cambiar la indumentaria del funcionario cambiara también automáticamente su actitud arrogante.
Como cuando en procedimientos de protestas pacíficas, mal parqueo de vehículos, confrontan al ciudadano increpándolo y desafiándolo demostrando autoridad donde no hay necesidad, ya que en el fondo sufren por lo mismo que el ciudadano de a pie, y más aún, cuando incurren en una conducta punible, dejan de ser policías y terminan siendo olvidados y condenados, purgando penas en los mismos centros que el ciudadano corriente, y en otras ocasiones, huyendo para que ese mismo Estado para el cual fue arrogante no lo someta al imperio de la ley.
Y qué decir de las comunicaciones en Casanare, redes deficientes en todo el Departamento a pesar de los multimillonarios contratos que se han suscrito con empresas fantasma, que lo que han hecho es apropiarse de los recursos públicos y con eso, afectando directamente la educación en las áreas rurales, incluso urbanas, donde sigue observando usted a los dirigentes políticos hablando de contratos y de inversiones de tecnología, centros de estudio, comunicaciones y demás, pero nunca materializándolos en favor de quienes los eligieron; cómo no referirnos al conocido hurto de SETENTA MIL MILLONES DE PESOS ($70.000.000.000) que le hicieron a las comunicaciones, sin que a la fecha se haya hecho un retorno de los recursos, que terminan afectando indudablemente a la educación.
Serían múltiples las situaciones específicas por exponer, sin embargo en estas cortas palabras se trata de evidenciar que no hay ningún avance a lo largo de este período presidencial, inclusive departamental, sino una muestra de que priman los intereses particulares de los gobernantes antes que los generales de su conglomerado, que ha venido siendo engañado a través de los años con las mismas promesas sin visos de cumplimiento, pero sí incrementando el patrimonio personal del administrador de turno, quienes terminan con lujosos inmuebles de descanso, aviones privados, empresas y hasta excentricidades que encajan con el viejo y conocido refrán que dice: “Si el sacristán vende velas, y no tiene cerería, ¿de dónde ‘petacas meas’ si no de la sacristía?”.
