En Casanare tiene lugar el nacimiento de una nueva raza de médicos veterinarios, quienes más allá de las cualidades propias de la profesión tienen dos elementos fundamentales que son terreno abonado para el desarrollo de la región.
Esas dos componentes son el sentido de pertenencia por su departamento y la visión empresarial, que llega a complementar el conocimiento tradicional que han heredado de sus progenitores.
Esta es la mejor explicación que se puede dar, al trabajo que se viene cimentando desde la Universidad del Trópico Americano, Unitrópico, según lo expuso la directora del programa de Veterinaria y Zootecnia, Yohaira Andrea Pérez Guerrero.
Ella estudió esta misma carrera en la ciudad de Bogotá y adelantó su tesis de grado en la Universidad de los Llanos, en zoocría. La entrada a suelo casanareño se dio por Aguazul. Los primeros trabajos estuvieron directamente ligados con el campo, cuando prestos sus servicios para Tecnigán.
Esos primeros años en Casanare, le permitieron conocer de cerca la cultura llanera. Después se dedicó a la docencia. Faceta que viene desempeñando desde 2006. Primero en la FUTC, luego en el Sena y ahora con Unitrópico, donde adelanta una interesante labor de formación, que trasciende los límites de lo académico, para insertarse en el campo de emprendimiento y el sentido de pertenencia por lo local.
“Lo primero es incentivar y crear una cultura de quedarnos en el departamento. Casanare tiene una biodiversidad, una fauna, una flora inmensa, que muchas veces no se valora. Entonces desde el programa de Medicina Veterinaria de Unitrópico, les enseñamos a querer lo propino. Cómo, tenemos una granja experimental donde el estudiante comienza a conocer la sabana nativa, desconocida para muchos de los que estamos en el departamento”.
Comentó que para lograr dicho propósito comienzan por hacer que los educandos “aprendan cómo se maneja la ganadería, cómo se maneja la estabulación, la sabana nativa y es importante desde la academia que se comience a investigar y ellos aprenden a investigar, no es solamente sacar unos profesionales, sino unos profesionales que investiguen, que nos aporten a la región”.
El esfuerzo ha trascendido fronteras tanto que llegan al alma mater estudiantes de otras ciudades de país, incluso del exterior. “Tenemos una alumna de Lima (Perú), quien llegó por intercambio y todos tiene una gran expectativa por la formación académica que van a recibir”.
La propuesta de combinar el pensum con la proyección empresarial y la investigación ha tenido eco en la población estudiantil. “Están muy comprometidos. No es una sola nota lo que importa. Ellos tienen un compromiso y lo han demostrado, porque además de la academia les ayudamos, por ejemplo, en las ferias ganaderas y vemos el compromiso que tiene el estudiante en aprender y no solamente eso, sino en proyectos de investigación”.
Citó el caso del programa piloto que se puso en marcha el año pasado, que contó con el concurso de Vecol, la Secretaría de Agricultura Departamental y Unitrópico. “Era una prueba piloto. Se trató de un plan sanitario en equinos, que realizamos en la universidad y vi con mucho entusiasmo, que los estudiantes estuvieron comprometidos con el aprendizaje y eso me llena de mucho orgullo”.
Una fortaleza adicional es la gran variedad de líneas de trabajo. Dentro del sector agropecuario los jóvenes piensan en producir ensilaje y otros se concentraron en la etnoveterinaria, que consiste en utilizar las plantas medicinales, para tratar enfermedades en los animales. “No podemos desconocer que ancestralmente eran utilizadas para curar a los animales y también para los humanos”.
Tecnificación
Un punto que ha cobrado importancia de cara a incrementar el nivel y la calidad de la producción, es la tecnificación de los procesos agropecuarios. En este sentido la profesora exaltó que desde el primer semestre se les enseña a los estudiantes la importancia de implementar dicho conocimiento.
“Comienza como un cambio de cultura, muchos de ellos sus padres tienen finca y lo que se espera es que ellos salgan a trabajar en las fincas de sus padres, no cambiando del todo esa cultura que tiene sus progenitores, porque ellos son personas que por su saber nos han enseñado muchísimo, pero sí ayudándoles a manejar y tecnificar los procesos”.
Puso como ejemplo de esta experiencia, determinar cuánta sal debe consumir un animal diariamente, para que le aporte los nutrientes necesarios, con miras a mejorar en temas reproductivos, lo que se mide en un mayor número de crías que se obtengan de un solo ejemplar.
“Es importante también que los estudiantes salen con una visión empresarial, de no quedarse como un empleado más”, concluyó Yohaira Andrea Pérez Guerrero.
