Tres hombres, exintegrantes de los grupos armados, nos contaron sus historias, no las de la guerra, sus historias de esa batalla para regresar a la vida civil, para reencontrarse con sus familias y amigos.
La paz va mucho más allá de un acuerdo o una entrega de armas, la paz debemos construirla con el perdón y la reconciliación, y ellos han avanzado en ese proceso y nos compartieron sus experiencias:
«Siempre me gustaron las motos»
Jhon* hoy en día tiene un taller de motos en Yopal, lleva ya muchos años en esta labor y genera seis empleos directos, su trabajo ha sido tan constante que empresas como Equion Energía y Terpel se decidieron apoyar su empresa.
«A mí me han tratado bien, pero es por qué yo casi nunca hablo de mi pasado, la verdad es que cuando yo me desmovilizo no nos dicen nada, que tocaba hacer, hoy en día en este nuevo proceso de paz hay como una guía una directriz de la ACR» (Hoy en día ARN)
Jhon* está convencido qué tomo una buena decisión, dice que no se arrepiente de haber dejado las armas, hoy en día es un empresario legal que tributa, genera empleos y completa diez años de matrimonio.
«Yo tuve rango, y la verdad no extraño nada»
Es lo que nos dijo Rafael* mientras nos muestra su pescadería y nos cuenta que su decisión de ingresar a un grupo de guerrilla se debió a la falta de otras oportunidades, Rafa está convencido qué el actuar de las personas que se están reintegrado ayudará a que se disminuya «La estigmatización, que es uno de los factores que hacen más difícil la adaptación a vivir en sociedad» Rafael* asegura que «en procesos pasados «el gobierno traicionó a los grupos» pero tiene fe en los nuevos procesos por la participación de otros países.
Nos contó como estudiaba al interior del grupo, como ascendió de rangos y como hoy en día trabaja en su negocio familiar y da todo por su hijo.
«Hay que terminar con la marginación, la desigualdad social, y la falta de salud y educación, esa es la forma de construir la verdadera paz en Colombia» fue la reflexión final de este comerciante que hoy agradece a la sociedad por permitirle ser nuevamente un ciudadano.
«Yo no me di cuenta a que hora terminé metido en la guerra» «Yo siempre he sido vendedor» Nos dice Carlos* quién trabajaba en una zona de influencia de un grupo armado, les vendía mercancía y eran conocidos, pero la cercanía poco a poco lo fue llevando a ser de más confianza.
«Cuando me di cuenta ya tenía puesto el uniforme» dice jocosamente. «Yo nunca me he varado por nada, toda la vida he trabajado, y cuando tomé la decisión de desmovilizarme pues sabía que tenía que empezar de ceros, pero mi familia, mis hijos son mi mayor motivación».
Carlos* genera en promedio 10 empleos fijos, su negocio lo montó «A pulso» y adicional a su empresa ayuda a muchos combatientes a dejar las armas e iniciar su proceso de reintegración, tambien realiza actividades filantrópicas «para devolverle a la vida un poco de lo mucho que le ha dado»
-Los testimonios fueron logrados gracias a la invitación de la ARN, agencia de reincorporación y normalización, antigua ACR.
