Largo, ojiverde y más feo / que un podrido tronco viejo / pero veloz cual trineo / a pesar del bamboleo/ con que se el animalejo / iba un paisano caimán / más hambriento que alma en pena / corriendo tras un gañán / que sorprendió de holgazán / a orillas del Magdalena”.
Así veía Rafael Pombo a los cocodrilos que en Colombia llamamos caimanes.
Todo lo contrario piensa sobre estos poderosos y bellos animales Jorge Londoño, (yo lo llamo ‘El señor de los cocodrilos’), magnate hotelero y apasionado ambientalista que ha decidido salvar para Colombia y el mundo el llamado caimán del Orinoco, distinguido científicamente como Crocodylus intermedius, que es el cocodrilo más grande del planeta.
El sabio Humboldt, en su Viaje a las regiones equinocciales, cuenta que remontando el Orinoco veía en las playas solazarse decenas y decenas de estos saurios y también jaguares a los que así cantó José Eustasio Rivera en uno de sus sonetos de Tierra de promisión: “En la tórrida playa, sanguinario y astuto, mueve un tigre el espanto de sus garras de acero, ya venció a la jauría pertinaz y al arquero reta con un gruñido enigmático y bruto”.
Humboldt midió un caimán de 6,40 metros. No quedan ya sino 300 ejemplares en libertad en los Llanos de la Orinoquia colombiana y han sido declarados en peligro de extinción.
La Fundación Palmarito, dirigida por Alejandro Olaya y asentada en Casanare, es la empresa que está salvando a nuestro caimán del Orinoco con el apoyo de Parques Nacionales, Corporinoquia, la Gobernación del Casanare, Conconcreto, la Fuerza Aérea, Ecopetrol y la WCS. La admirable labor de la fundación no se limita al caimán, sino que sus biólogos recorren el río Meta y sus afluentes y recogen varios miles de huevos de charapa a fin de salvarlos de sus depredadores, entre los cuales se encuentra el hombre, y luego los incuban artificialmente.
Cerca de Orocué, en la Reserva Wisirare, la fundación tiene los padrotes, siete cocodrilos adultos, hembras y machos, de los cuales obtienen los huevos para la incubación.
Parecidas a los cocodrilos son las babillas. Se las distingue porque poseen una armazón ósea en el vientre, lo que hace que su piel no pueda ser aprovechada para hacer zapatos, por ejemplo. En cambio, los cocodrilos tienen esta estructura ósea en la parte dorsal y en los flancos, lo que sí permite el aprovechamiento comercial y, por ello, han llegado casi hasta la extinción. Las babillas se distinguen con el nombre de Caiman crocodilus, como se ve, con i latina.
En el ambiente popular hay todavía mucha ignorancia sobre la misión que cumplen los animales. Por ejemplo, los caimanes se desplazan por el fondo de los ríos y mueven la vegetación, el barro y los detritus allí acumulados y dan fluidez a la corriente. Esto es vital para la salud de ríos y lagunas. Los caimanes son de respiración aérea, pueden permanecer hasta dos horas sin salir a la superficie y aguantan mucho tiempo sin alimentarse.
La nidada de los cocodrilos suele ser de 40 huevos, que incuban a lo largo de tres meses. Estos son depositados en la arena durante la estación de lluvias; en cambio, las babillas ponen sus huevos al principio de la estación seca y ambos, caimanes y babillas, llevan en el hocico a sus crías a los ríos.
Según se sabe, el cocodrilo del Orinoco no emigró hasta el Amazonas como podría haberlo hecho utilizando el caño Casiquiare, el mismo que Humboldt describió como el río que une ambas cuencas. Sin embargo, los indígenas curripacos de la zona describen tanto al animal como a sus nidadas, sus crías y sus costumbres como si fueran los auténticos caimanes del Orinoco que migraron. Los biólogos no han podido verificar esta migración.
Los cocodrilos viven hasta 70 años en cautividad; abren y cierran los ojos y segregan por ellos la sal acumulada, y de allí proviene la popular expresión de ‘las lágrimas de cocodrilo’.
La Fundación Palmarito ha extremado todas las medidas y estudios científicos tendientes a la feliz culminación del esfuerzo conservacionista estudiando minuciosamente los factores para la liberación de los animales en su medio natural, que es, precisamente, el propósito. Para ello, se estudiaron los lugares apropiados que reunieran todas las condiciones deseadas. Estas son algunas: lejanía de los humanos, abundancia de comida y posibilidad de rastrear a los caimanes en sus movimientos. También se ha hecho un trabajo pedagógico conservacionista con las comunidades indígenas que se movilizan por las áreas de liberación de los cocodrilos.
La primera liberación de cocodrilos del Orinoco llevada a cabo en Colombia la hizo la Fundación Palmarito de Jorge Londoño y se escenificó en una laguna del río Tomo, afluente del Orinoco, en predios del Parque Nacional Tuparro, el día 25 de mayo del 2015. Fueron 21 ejemplares de algo más de un metro de longitud. Cada animalito lleva un transmisor satelital.
Con las posteriores liberaciones que la fundación ha efectuado y con el seguimiento que se les ha hecho, se puede afirmar que nuestro cocodrilo de los Llanos o del Orinoco está salvado. La segunda liberación la hizo la Universidad Nacional soltando en los ríos Lozada y Guayabero cuatro ejemplares adultos de un stock de varios centenares que tiene encerrados en Villavicencio desde hace muchos años. Esto sucedió en octubre del 2015. La tercera liberación la hizo de nuevo la Fundación Palmarito, pero esta vez fue en una laguna del hato La Aurora, en Casanare, el 12 de diciembre del 2015, y fueron en esta ocasión 12 ejemplares.
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