Empiezo este escrito manifestando que lo realizo como ciudadano, a nombre propio y dentro de mi derecho constitucional de expresión; hago esta acotación y tristemente me toca invocar que estoy ejerciendo un derecho dado que cualquier postura ciudadana sobre las actuaciones públicas de funcionarios públicos es tomada como una afrenta personal.
Para darle un contexto a esta opinión, comienzo citando un aparte del tratado de doctrina política de Nicolás Maquiavelo, obra conocida en el argot literario como El Príncipe, dicho libro en un aparte de su dedicatoria indica que: “Los que desean congraciarse con un príncipe suelen presentársele con aquello que reputan por más precioso entre lo que poseen, o con lo que juzgan más ha de agradarle; de ahí que se vea que muchas veces le son regalados caballos, armas, telas de oro, piedras preciosas y parecidos adornos dignos de su grandeza”. Quiero denotar que, dicho libro lo leí por sugerencia impuesta de mi profesor de derecho constitucional en mi época como estudiante de leyes.
Cité el libro del Príncipe de Maquiavelo, para empezar, diciendo que cuando un ciudadano adquiere el poder por el favor del pueblo o mediante el voto popular, en nuestra república, se convierte en Presidente, Gobernador o Alcalde, algo que es similar al príncipe al que se refería el escritor italiano en su obra.
Partiendo de la anterior premisa y bajo una concepción imaginaria de reinos y gobernantes, tenemos que el príncipe de Yopal, como monarca de la ciudad, debe velar por la riqueza de la misma y por su seguridad; máxime cuando el ápice de su propuesta programática, con la que ganó el corazón del pueblo y logró su confianza, hoy es contradictoriamente el mal que más asecha a la población que le entregó esa responsabilidad mediante el voto (LA INSEGURIDAD).
Es lamentable ver que las medidas que toma el príncipe con su corte y lacayos en consejos de seguridad, no dejan de ser simples reuniones que no arrojan resultados y cifras concretas a la ciudadanía; hechos notorios que alteran la economía, la paz, la percepción de seguridad y la tranquilidad de la que gozaban gran parte de los habitantes del municipio en el pasado.
En redes sociales solo se observa que el hampa pulula en la ciudad y las noticias solo hablan de raponazos, atracos, robos, hurtos, sicariatos (van 8 este año) y otras malas circunstancias en las que se encuentra comprometida la integridad física y los bienes de la ciudadanía.
Las calles de la ciudad, por las medidas del aislamiento y toque de queda en las noches, están sin acceso a los civiles, parece que incluso dichas medidas restrictivas de movilidad también aplicasen a la policía, dado que los únicos que deambulan a sus anchas en la noche son los delincuentes que aparentemente no se contagian del virus; estos malandros, quizás, tienen claro que la COVID-19, por respeto de los decretos no sale en el horario de toque de queda, porque de día si sale, según la lógica de quienes redactan los decretos (¡!).
Los eslóganes de “Yopal Ciudad Segura” o “Gobierno con Autoridad”, si no son una mala jugada del destino por su elección como impronta del gobierno del príncipe, sin esfuerzo mental alguno puedo inferir que dichas consignas son un recuerdo diario de lo que no está haciendo como suprema autoridad de policía del principado, lo que nos obliga adivinar si su gobierno es un delirio o una mofa descarada de ingobernabilidad carente de autoridad.
Para muchos de los ciudadanos, muchedumbre a los ojos del príncipe, somos la fuerza trabajadora del municipio y la única autoridad que conocemos de su alteza como primera autoridad policiva por mandato constitucional son: toques de queda, cierre de establecimientos y el hostigamiento de la fuerza pública, de quienes esperábamos se encargaran de los delincuentes y no de perseguir a quienes generan el empleo, crecimiento, reactivación y estabilidad económica del municipio de manera honesta. En cuanto a la guardia gendarme del príncipe, se le recuerda que en nuestra constitución numeral 2 artículo 315, se establece que la Policía Nacional esta para cumplir con prontitud y diligencia las órdenes que le imparta el gobernante por conducto del respectivo comandante.
Aunada a la inseguridad, las actitudes comportamentales del príncipe de la ciudad, carecen de la diplomacia y el respeto que se espera de un funcionario en tal alta cúspide administrativa, como si no tuviese reminiscencia de su origen y por ende brindar un buen trato a sus administrados, dado que los increpa cuando no comulgan con él.
El príncipe no respeta la opinión ajena de mujeres u hombres, líderes comunitarios y sociales, personas con discapacidad, periodistas e incluso miembros inferiores de su propia corte; descalifica, atropella y reta al debate público a todo aquel que le pide cuentas, más como un mecanismo de defensa que como una respuesta contundente a las solicitudes civiles o quizá simplemente acude a dicha cortina de humo por pusilanimidad.
Caldea lo anterior, y hace más grave los agravios del príncipe, la sarta de aduladores a los que me refería en la cita del libro de aquel autor de la ciudad de Florencia, individuos que, motivados quizá por una miserable cuota de poder, su sustento diario o arrastrados por una pasión política obnubilada, defienden con lanza en ristre, los comportamientos del príncipe, en ocasiones a sabiendas de que son un absurdo.
Con todo lo anterior, un príncipe jamás podrá dominar a un pueblo cuando lo tenga por enemigo, porque son muchos los que lo formamos; por ello, nuestro gobernante de manera humilde debe reconciliarse con la parte de la ciudadanía que no lo sigue, de hacer este acto, el príncipe sin duda se fortalecerá y será rodeado incluso por sus contradictores, dado que para nadie es un desconocimiento el éxodo venezolano, el mínimo cuerpo de policía que vigila la ciudad y la carencia de recursos en las arcas públicas; pero un acto de cortesía y buena voluntad con la ciudadanía y con quienes piensan diferente, estoy seguro que le generaría empatía a su favor y hasta soluciones a los problemas de la ciudad.
Para terminar, le digo al príncipe, que de manera respetuosa lo invito a que recuerde lo que nos inculcó como estudiantes de leyes en cuanto al hacer respetar nuestra opinión, por ello con el mismo ahínco y respeto con el que él nos lo exigió, le pido que como el docente que es, repase la obra de Maquiavelo como quiera que de su reinado y la posibilidad de dejar un legado político solo le quedan tres años o quizá menos si pierde la amistad del pueblo.
(¡!) significa sarcasmo.
Por: Alexis Ferley Bohórquez
