La más reciente discusión en torno a la reforma tributaria promovida por el Gobierno nacional terminó sumida en la confusión y la incertidumbre. El proyecto, concebido para recaudar cerca de 16 billones de pesos para cubrir parcialmente el presupuesto general de 2026, llegó al debate final en las comisiones económicas del Congreso con evidentes fisuras.
Durante la sesión del miércoles 26 de noviembre, la Comisión Cuarta de la Cámara de Representantes rompió el quórum necesario: varios congresistas se retiraron, lo que forzó a levantar la sesión sin que se completara la votación decisiva. Esa ausente decisión dejó al proyecto “virtualmente hundido”. Al mismo tiempo, en el Senado, las mayorías en comisiones económicas anunciaron que no acompañarían la ponencia favorable, lo que, bajo la técnica legislativa vigente, implica que la iniciativa no continúa su trámite.
El resultado general, que algunas comisiones votaron a favor del archivo y otras rompieron quórum, deja en punto muerto la reforma. Aunque en la Comisión Tercera de la Cámara de Representantes la ponencia de archivo fue rechazada, ese rechazo no bastó para avanzar el texto, pues las reglas del Congreso exigen una decisión consensuada de todas las comisiones económicas.
Desde el Ejecutivo, Germán Ávila, ministro de Hacienda, mencionó que un eventual hundimiento de la reforma representaría una “vendetta política” contra el gobierno, afirmando que los recursos que se buscaban recaudar eran esenciales para cubrir vacíos presupuestales. Pero por ahora, la reforma no tiene camino claro en el Congreso.
El escenario más probable apunta a que, si el proyecto no logra el respaldo unánime antes de que se disuelvan las sesiones (con el Congreso de vacaciones en diciembre), quede archivado definitivamente.
Palabras de Germán Ávila – Ministro de de Hacienda
