Daniel, Albeiro, Valentina, Jota y Doña Hilda logran profanar la supuesta tumba de ‘La Diabla’ y descubren que el cuerpo que estaba allí enterrado no es el de su peor enemiga, sus sospechas son ciertas y siguen siendo asediados por su maldad. Al regresar a casa, todos empiezan a discutir si matan a Yésica Beltrán o la entregan a la TEA. Para Catalina, Hernán Darío y Valentina es mucho más fácil buscarla y matarla, nadie sospechará de su muerte porque todos la creen muerta, pero para los demás es más fácil entregarla y dejar su conciencia tranquila. ¿Qué decidirán? No todos quieren ser víctimas de una guerra a las que los obligaron a entrar, pero en el fondo de su corazón desean venganza.
Por otro lado, Aníbal recibe las mejores atenciones en casa de su secretaria y le dice que se muere por ella desde el primer día que la conoció en el despacho de la alcaldía. Entre confesiones le cuenta que Yésica no está muerta y se divorció de ella hace tiempo. ‘La Diabla’ se adelanta a los movimientos de sus enemigos y le ordena a Daniela llamar a Munevar, el secretario de gobierno, para que sea él quien se posesione como alcalde encargado.
Marcial es examinado por los médicos y recibe buenas noticias sobre su mejoría, mientras que ‘Chuqui’ termina de leerle los resultados de las pruebas de ADN sobre su paternidad con Daniela, se da cuenta que fue víctima de una mentira más de la mujer que tanto amor le juró, ‘La Diabla’.
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