A una semana del deslave provocado por el colapso de un glaciar el pasado 26 de agosto en la frontera del Himalaya, familias nepalíes realizan este miércoles ceremonias fúnebres simbólicas quemando efigies de paja para despedir a sus desaparecidos. Las autoridades de Nepal actualizaron el balance a 1.204 muertos y 4.216 no localizados, mientras la prensa estatal de China reporta 16 fallecidos y 546 desaparecidos en el Tíbet, sumando entre ambas naciones más de 1.220 víctimas mortales y 4.700 desaparecidos. La catástrofe golpea a Nepal casi un año después de las mortales protestas contra la corrupción que derrocaron al gobierno anterior, en un país pobre y dependiente del turismo que carece de recursos para la crisis.
Ante la saturación de las morgues, las autoridades nepalíes entierran cientos de cuerpos sin identificar tras tomarles muestras de ADN, en medio de esperanzas nulas de hallar supervivientes bajo el barro. Entre las personas sin ubicar figuran más de 800 extranjeros de 30 países, incluidos senderistas y peregrinos que se dirigían al monte sagrado Kailash. En el lado chino, el acceso a periodistas extranjeros permanece restringido por las autoridades de Pekín, las cuales sostienen que la información entregada ha sido abierta y transparente, postura que es cuestionada por grupos de defensa del Tíbet en el exilio.
