Una masa de agua, hielo, rocas y sedimentos provocó una devastadora avenida torrencial en la frontera entre Nepal y la región del Tíbet, en China, dejando un saldo preliminar de al menos 289 personas muertas y cientos de desaparecidos. La tragedia se registró tras el desbordamiento de cursos fluviales en el norte nepalí, impactando con severidad a las poblaciones de Timure, Rasuwagadhi y Syabrubesi en el distrito de Rasuwa, así como al condado chino de Gyirong. La arremetida de la riada provocó el colapso de al menos 80 puentes, la destrucción de 40 kilómetros de carreteras e infraestructura hidroeléctrica, y encendió las alertas en India por posibles crecidas río abajo.
De acuerdo con los reportes oficiales de la Oficina del Primer Ministro nepalí, en su territorio se han recuperado 157 cuerpos aún no identificados, mientras se desconoce el paradero de 484 turistas —de los cuales 391 son extranjeros y 93 nepalíes—, además de 44 miembros del Ejército, 28 policías, 13 efectivos de la Fuerza Armada de Policía y 60 trabajadores hidroeléctricos. Por su parte, las autoridades en el condado tibetano de Gyirong confirmaron 3 fallecidos y 265 desaparecidos. El ministro de Asuntos Exteriores de Nepal, Shishir Khanal, indicó que las primeras hipótesis señalan que un sismo matutino desencadenó un gran desprendimiento de tierra que represó temporalmente un río en el Tíbet antes de desbordarse masivamente hacia territorio nepalí.
Frente a la magnitud de la emergencia, el Gobierno de Nepal declaró las áreas afectadas como zona de desastre durante tres meses y desplegó helicópteros militares y privados para agilizar las labores de búsqueda y socorro. Las operaciones aéreas ejecutadas por el Ejército nepalí han permitido evacuar a 114 personas en el distrito de Rasuwa, mientras las autoridades avanzan en la entrega de atención médica gratuita y en el restablecimiento de los servicios de energía y telecomunicaciones.

