El departamento que lidera la producción arrocera del país podría ser uno de los territorios más impactados por el nuevo modelo de ordenamiento productivo que comenzará a implementarse en 2027. El Gobierno Nacional anunció la implementación de un Modelo de Ordenamiento Productivo para el sector arrocero colombiano, cuya ejecución comenzará durante el primer semestre de 2027. La iniciativa contempla planificar las siembras por departamento, administrar las importaciones, mejorar la formación de precios y crear mecanismos de protección para los productores.
El anuncio fue realizado el 19 de octubre por el Consejo Nacional del Arroz y plantea cambios en la manera como se organiza uno de los sectores agrícolas más importantes para la economía rural colombiana. Sin embargo, en Casanare, principal departamento productor de arroz del país, la propuesta abre interrogantes sobre el futuro de los agricultores que tradicionalmente han decidido cuánto sembrar de acuerdo con sus posibilidades económicas, la disponibilidad de tierras, el agua y las condiciones del mercado.
CASANARE, EN EL CENTRO DE LA DISCUSIÓN
Las cifras del DANE y Fedearroz muestran la importancia del departamento para el abastecimiento nacional. Durante el primer semestre de 2026, Casanare registró 177.780 hectáreas sembradas de arroz mecanizado, equivalentes al 54,8% del área nacional en ese periodo. No obstante, la superficie sembrada cayó un 18% frente al primer semestre de 2025, cuando se reportaron 216.847 hectáreas. La reducción evidencia que el sector ya enfrenta dificultades antes de la entrada en funcionamiento del nuevo modelo.
A esto se suman las inundaciones que afectaron más de 13.000 hectáreas arroceras en julio de 2026 y las dificultades económicas de productores que han tenido que afrontar bajos precios y obligaciones financieras. El propio Ministerio de Agricultura ha reconocido la gravedad de esta situación y ha anunciado gestiones para aliviar las deudas del sector en Casanare.
¿QUÉ CAMBIARÍA PARA LOS ARROCEROS?
Uno de los componentes más importantes del plan es la zonificación de las siembras y la definición de áreas de cultivo de referencia. En términos prácticos, esto significa que el Gobierno pretende contar con una planificación más precisa de cuánto arroz se produce, dónde se cultiva y cómo se relaciona esa producción con la demanda del mercado.
La intención es evitar que una producción excesiva termine presionando los precios a la baja y afectando los ingresos de los agricultores. Sin embargo, todavía no se conocen los detalles que permitirían establecer si las áreas de referencia serán orientativas o si se traducirán en límites efectivos para sembrar. Tampoco se han precisado las eventuales consecuencias para los productores que superen las áreas definidas.
Por eso, una de las principales preguntas para Casanare es si el nuevo modelo respetará las decisiones productivas de los agricultores o si condicionará su actividad a metas establecidas por el Gobierno.
¿PUEDE SER BENEFICIOSO O PERJUDICIAL?
El modelo podría traer beneficios si permite reducir la sobreoferta, combatir el contrabando, administrar las importaciones de acuerdo con las necesidades del mercado y establecer mecanismos de formación de precios basados en costos verificables.
También contempla seguros colectivos, coberturas frente a las variaciones de precios, la estructuración de un fondo de estabilización y nuevas alternativas de financiación mediante Finagro.
Pero el resultado dependerá de cómo se implementen estas medidas. Si la planificación reduce las posibilidades de siembra sin garantizar acceso al crédito, condiciones comerciales transparentes y una remuneración que cubra los costos de producción, los agricultores podrían enfrentar nuevas dificultades.
En Casanare, donde miles de familias y actividades económicas dependen directa o indirectamente del arroz, el desafío será encontrar un equilibrio entre la planificación de la oferta y la libertad de los productores para desarrollar su actividad.
LAS PREGUNTAS QUE DEBERÁ RESPONDER EL GOBIERNO
¿Cómo se definirán las áreas de referencia para cada departamento y municipio? ¿Se tendrán en cuenta las inversiones realizadas por los agricultores, la disponibilidad de agua y las diferencias entre pequeños, medianos y grandes productores? ¿Qué garantías tendrán quienes necesiten sembrar para recuperar sus inversiones y pagar sus deudas?
También será fundamental conocer cómo funcionarán los mecanismos de formación de precios y qué medidas concretas se adoptarán frente a las importaciones cuando exista producción nacional disponible.
El nuevo modelo comenzará a ejecutarse en 2027, pero sus reglas definitivas serán determinantes para saber si realmente contribuirá a estabilizar el sector. Para Casanare, el reto es enorme: proteger la sostenibilidad económica de los arroceros sin debilitar la capacidad productiva del departamento que hoy ocupa un lugar central en la seguridad alimentaria del país.
La pregunta de fondo es si ordenar las siembras permitirá que los arroceros ganen más por su trabajo o si terminará limitando sus posibilidades de producción. La respuesta dependerá de las reglas que se definan y de las garantías que se construyan con los productores.
