La selección de Argentina avanzó a los cuartos de final del Mundial 2026 tras derrotar 3-2 a Egipto en un partido que pasará a la historia por su alta dosis de drama y, sobre todo, por las profundas polémicas arbitrales que indignaron al conjunto africano. Los dirigidos por Lionel Scaloni tuvieron que remar desde atrás en un encuentro donde el arquero egipcio Mostafa Shobeir se vestía de héroe, atajándole incluso un penal a Lionel Messi en la primera mitad, luego de que Yasser Ibrahim abriera el marcador para los «Faraones» al minuto 15.
La gran controversia del partido estalló en el segundo tiempo. Egipto anotó lo que era un letal 2-0 transitorio mediante un contragolpe fulminante de Ziko; sin embargo, el juez central, tras revisar el VAR, anuló la anotación argumentando un pisotón previo sobre el defensor Lisandro Martínez en el inicio de la jugada. Aunque el propio Ziko tomó revancha minutos después marcando el 2-0 legal, la Albiceleste reaccionó en el tramo final: Cristian “Cuti” Romero descontó de cabeza al minuto 79 en una acción al límite del fuera de juego, y Lionel Messi firmó el empate al 84 tras cazar un rebote en el área. En el tiempo de reposición, Argentina selló la sufrida remontada.
Al término del compromiso, el director técnico de Egipto, el brasileño Rogério Micale, no se guardó nada en la rueda de prensa y lanzó duras acusaciones insinuando un presunto favoritismo de la FIFA para proteger los intereses comerciales del torneo:
«Es muy difícil competir cuando las decisiones clave siempre caen del mismo lado. El gol anulado por el VAR destruyó el espíritu de mis jugadores. Da la impresión de que para el torneo y para la FIFA es un negocio obligatorio que Argentina siga avanzando, sin importar el esfuerzo de los países africanos», declaró notablemente molesto el estratega.
Por su parte, los futbolistas egipcios respaldaron a su entrenador en la zona mixta, señalando que se marchan del Mundial con la cabeza en alto, pero con la frustración de haber sido «perjudicados en los escritorios» cuando tenían el partido completamente controlado en la cancha.
