El gobierno de Chile decretó el estado de catástrofe en el norte del país debido a un inusual e intenso temporal de lluvias que azota la región desde el pasado 15 de julio. El fenómeno meteorológico, calificado por la Dirección Meteorológica de Chile como el más extendido y severo de las últimas dos décadas, ha provocado la muerte de cinco personas, la desaparición de cuatro más y cuantiosos daños materiales en las regiones desérticas de Coquimbo y Atacama. La crecida de los ríos y el colapso de vías terrestres mantienen aisladas a cerca de 100.000 personas, además de dejar 2.200 damnificados, más de 1.100 viviendas destruidas o con afectaciones graves, y a 150.000 usuarios sin servicio eléctrico a nivel nacional. Ante el impacto de la emergencia, el presidente José Antonio Kast activó los protocolos de excepción constitucional para desplegar ayuda humanitaria en las zonas afectadas.
De manera paralela en la región andina, un sismo de magnitud 5.1 seguido de una réplica de 3.7 sacudió la noche del sábado el departamento de Junín, al este de Lima, Perú. El Centro Sismológico Nacional y el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) reportaron que el movimiento telúrico principal ocurrió a las 9:24 p. m., con epicentro cerca de Sicaya y a una profundidad de 10 kilómetros. Las autoridades peruanas confirmaron que la sacudida dejó un saldo trágico de al menos seis personas muertas, más de 30 heridos y decenas de viviendas colapsadas o con daños estructurales severos en la provincia de Chupaca.
