Feliz cumpleaños, japiverdituyu cantan alegres los asistentes al convite. El cumpleañero esboza una sonrisa fingida, incómodo mira alrededor a todos los que durante un año entero no hicieron nada pero que en este día especial le muestran todo su cariño con un canto destemplado y un regalo inservible. Eso es una celebración de cumpleaños. De cualquier persona o de una ciudad.
Durante todo el año, los habitantes de Yopal botan basura, no respetan las normas de tránsito, dejan que el gato fastidie a los vecinos, no recogen las gracias de sus perros, amenizan parrandas a todo volumen, abren de a tres cantinas por cuadra, sacan la basura cuando no les toca; y cada cuatro años votan por cualquiera. Así muestran su amor por la ciudad en la que viven.
Cada año las redes sociales se llenan de mensajes hipócritas deseando feliz cumpleaños a una ciudad que no tiene cuenta en Facebook, una ciudad que no tiene quien la defienda pero que siente, que está viva. Inclusive mucho más que algunos de sus habitantes. Yopal es una ciudad de oportunidades. Yopal ha sido una tierra que les ha permitido a muchos colombianos, realizar sus sueños. Les ha brindado un espacio para trabajar, para estudiar, para tener hijos, para conseguir novia, novio, maridos y mujeres. Yopal no necesita cabalgatas, conciertos, desfiles. Esas son necesidades de la gente. Eso se necesita para legalizar los robos.
Cabalgata. Caballos, boñiga, borrachos, arribismo, desorden, abuso, boñiga y más boñiga. Cabalgata por entre los huecos. Cabalgata por las calles llenas de almacenes a punto de quebrar. “Es que hay que reactivar el comercio”, claro. Hay que contar cuantos borrachos se bajan del sudoroso caballo a comprar zapatos, una camisa, un televisor, una empanada. Ninguno. Los borrachos solo reactivan la economía del licor; economía que no necesita reactivarse porque en Yopal es un negociazo poner mesas en el andén, vallenatos estridentes y cerveza. La clientela está garantizada.
Ya pasó el cumpleaños. Ya vaciaron los baños públicos en la alcantarilla del parque El Resurgimiento. Ya cantaron. Ya quemaron la plata en cohetes y voladores. “Ah pero es que esa plata no es del erario, es plata de empresarios privados de buen corazón”. Y es que así sea regalada, ¿esa plata no sirve para reparar una calle por decir lo menos? Así es; ya le dijimos que feliz cumpleaños a Yopal. Ahora si a retomar el rol de los otros 364 días: Dirigente corrupto, taxista deshonesto, comerciante tramposo, vecino insoportable, policía perezoso, vendedor inepto, empleado flojo, ciudadano indiferente. Ah y también hay que volver al rol de regionalista resentido. Hay que decirle al que venga a trabajar e intente generar un cambio: “¿Que hace aquí?”.
Yopal no necesita celebrar cumpleaños. Yopal necesita gente que haga que, cada año que pase, valga la pena para la ciudad y todos sus habitantes. Eso necesita.
