Mientras un congresista en Colombia devenga un salario superior a los 35 millones de pesos mensuales, el más alto de Latinoamérica, los 900 alcaldes de sexta categoría (de un total de 1.100), no superan los 5 millones de pesos.
El congresista tiene derecho a vehículos blindados ofrecidos por la UNP, a escoltas para su seguridad, tiquetes aéreos para trasladarse a sus regiones de origen, desde Bogotá, y a una unidad de trabajo legislativo -ULT- por un monto superior a 50 salarios mínimos legales mensuales para vincular asesores y personal de apoyo, que ellos distribuyen a su antojo, además de un plan de telefonía móvil.
Además, tienen derecho a dos períodos de vacaciones que van desde el 16 de diciembre al 16 de marzo, y el segundo, del 20 de junio al 20 de julio. Trabajan dos días a la semana (martes y miércoles). Es decir, trabaja más un gorgojo en un riel, con las excepciones del caso.
A muchos no se les conoce la voz para proponer un proyecto de ley, ni siquiera de importancia regional. Hay quienes se duermen y roncan en esos debates para vergüenza nacional. Al respecto, Mahatma Gandhi dijo:” si hay un idiota en el poder es porque quienes lo eligieron está bien representados”. Por su parte, Winston Churchill, afirmó: “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”.
Mientras tanto, nuestros alcaldes que trabajan todos los días, pues la comunidad no respeta festivos ni descanso de este funcionario y debe responder a las necesidades de su comunidad, tienen un salario que da vergüenza. Por ejemplo, uno de la categoría sexta, que es el 90%, apenas llega a los $4.690.340 mensuales, un poco menos de lo que gana un vendedor de arepa asada cerca al palacio de justicia en Santa Marta, trabajando medio tiempo.
La alcaldesa de Bogotá, gana menos de 19 millones de pesos mensuales administrando una ciudad de casi 10 millones de habitantes, toda una locura colectiva de una gente quejándose por todo.
Un alcalde, de cualquier categoría, desde la especial hasta la sexta, responde por todo lo bueno y lo malo de su territorio. Los alcaldes son los gerentes de la pobreza territorial. Los grandes contratos salen direccionados desde Bogotá, con la bendición del mago que consigue los recursos, para la firma del burgomaestre, sin derecho a ninguna protesta.
Por: Francisco Cuello Duarte
