En época de crisis por cuenta de la Covid-19, se han visto varias cosas: la primera es que muchas personas quieren acaparar todos los beneficios sin dar oportunidad a los demás. La segunda, es que existe mucha necesidad y cada día se hace más evidente el estado de precariedad entre algunos sectores de la población y la tercera, es que definitivamente los colombianos no tenemos cultura del ahorro, del pago de servicios, de la previsión e inteligencia financiera.
La inteligencia financiera se refiere a la habilidad, la aptitud y el desenvolvimiento que tenemos en lo relacionado con el dinero y las finanzas. De ahí que, al carecer de dicha virtud, los efectos económicos de la pandemia han repercutido en algunos sectores de manera temprana a diferencia de aquellos que conservaban ahorros. Esto hace que las personas estén atentas a cualquier anuncio que aparezca en las redes para obtener un poco de ayuda humanitaria de cualquier parte que llegue. Una de las quejas recurrentes es que las ayudas llegan a sectores que no los necesitan, mientras que los verdaderos necesitados siguen sin recibir un gramo de alimento, como lo han manifestado en las redes.
El más reciente caso es el de don Epimenio Jiménez, cuya fotografía ha dado la vuelta a las redes sociales, en el momento en que recibe ayuda del Estado a través de raciones que envía la Unidad Nacional para la Gestión de Riesgo de Desastres. En la tarde del pasado martes 28 de abril una publicación desde una cuenta de Facebook permitió todo tipo de expresiones a favor y en contra, argumentando que el hombre en la foto no necesita esas ayudas humanitarias por ser emprendedor. “En Paz de Ariporo las ayudas llegan a los más necesitados, gracias Dios por no abandonarnos”, dice el texto que acompaña la imagen.

Don Epimenio Jiménez es un ciudadano proveniente del departamento de Boyacá, más exactamente de Sogamoso; como muchos de los habitantes de este municipio, llegó buscando darle a su familia lo mejor que estuviera a su alcance. Llegó a esta tierra llanera por el año 1971 y se estableció aquí con su familia creando una empresa que se dedica al sector de la metalmecánica. Con humildes herramientas inició su negocio familiar y con el pasar del tiempo, le ha dejado como herencia a sus hijos una forma de vida que engrandece el sector industrial del municipio habiéndose ganado el respeto de sus conciudadanos.

Hoy con orgullo don Epimenio puede decir que, aunque ya la vida ha dibujado pinceladas de plata en sus cabellos y finos hilos de sabiduría en su rostro, ha sobrevivido con justicia y amor por su trabajo sin haber tenido la necesidad de quitarle nada a nadie; contrario a eso, cada vez que puede, ayuda a otras personas que lo necesitan. En temporada de pandemia, son varias las actividades que ha realizado con sus hijos para contribuir un poco en la mitigación de la necesidad de algunas familias amigas que lo han necesitado. Por alguna razón, fue seleccionado para recibir uno de los paquetes nutricionales que otorga la Unidad Nacional para la gestión del Riesgo de Desastres y la recibió. La fotografía es el registro que se deja para certificar la entrega de dicha ayuda. Según Robinson Jiménez, su hijo, este mercado fue donado para que se entregara a una familia con necesidades mayores y mantener limpia la conciencia de saber que en este momento hay personas que se encuentran en situación de precariedad y que agradecen cualquier apoyo que les puedan dar.

Para Robinson, este tipo de acciones, constituye una falta de conciencia entre personas que en su afán de criticar no revisan el verdadero contexto de cada situación y su única manera de hacerse notar es a través de las cadenas de desprestigio sin medir las consecuencias que pueden desencadenar en las personas agredidas. Con estos actos de bullyng, afectan el buen nombre y la honra de las personas, especialmente si se trata de adultos mayores que no han hecho daño a nadie y que han contribuido al progreso y desarrollo del municipio.
