En Colombia la política es el arte que mueve la emoción con la corrupción. Casi ningún candidato alcanza una curul a menos que unte al elector de un “cariñito” como símbolo de su bondad.
El presupuesto de la campaña depende de su liderazgo, humildad y carisma, además de la estructura organizacional de su empresa electoral con todos los controles, pues en este campo, quien espabila, pierde.
Hubo casos de campañas políticas donde el candidato presupuestó cuantiosa votación, con lista en mano según las planillas de sus posibles amigos votantes, pero al final esos votos no llegaron a la mesa o lo marcaron en otra casilla.
En otros casos se dio el “voto castigo” sobre candidatos que tuvieron respaldo económico y fuerza de su partido o grupo político, no lograron el respaldo popular pues la gente ya los tenía en la mira, por sus antecedentes, diabluras, grosería o pedantería. Hay varios ejemplos que ya ustedes conocen.
Otros candidatos ahogados o quemados, se quedaron en ese viejo estilo, sin marketing político y sin redes sociales, visitando a sus compadres y amigos en los pueblos. Sin embargo, algunos ganaron su curul con una fuerte inyección de dinero mal habido o el auxilio de prestamistas que cobran sin abogados, comprando votos en otros Departamentos. ¿Cómo van a recuperar esa millonaria inversión?
Muchos partidos o movimientos políticos vieron mermado su poder, producto de sus actuaciones mezquinas y errores burocráticos. En política no se puede ser goloso, el poder hay que repartirlo con humildad e inteligencia emocional. Acumular mucho poder político indigesta. Y en este escenario juega papel importante los funcionarios públicos que ejercen ese poder.
Algunos lo hacen bien, otros creen que están gobernando en Suiza, proponiendo proyectos locos que generan memes de burla colectiva. Ahora bien, quienes ganaron, sin comprar votos, diseñaron su proyecto político, con inteligencia, marketing político moderno y enfocando su mensaje sobre tres temas imprescindibles en esta actividad: el fenómeno de la corrupción, la desigualdad social y el hambre que azota a la clase popular y se desplaza lentamente hacia la clase media.
Nuevos vientos soplan en el campo político. Quien se duerma en ese tierno sueño, cuando se despierte, seguramente estará convertido en un monstruo insecto como Gregorio Samsa, o escalando los círculos infernales de la Divina Comedia de Dante.
Por: Francisco Cuello Duarte
