El Gobierno de Colombia, a través de la Cancillería, oficializó la ruptura formal de sus relaciones diplomáticas con la República Islámica de Irán, un vínculo bilateral que se mantenía desde 1975. De acuerdo con la cartera de Relaciones Exteriores, la determinación responde a la política de seguridad nacional y a los presuntos nexos del régimen iraní con estructuras narcoterroristas internacionales, aclarando que no se suspenderán los servicios consulares. Para sustentar la medida, el Ejecutivo citó violaciones a los derechos humanos en Teherán, el bloqueo al Estrecho de Ormuz, la obstrucción a las inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y declaró formalmente como grupo terrorista al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica.
Tras el anuncio, el embajador de Irán en Bogotá, Ahmad Reza, manifestó su rechazo y afirmó recibir la decisión con «tristeza», calificando de «irresponsables» los argumentos del Gobierno colombiano. El diplomático cuestionó que se acuse a su país basándose en la terminología de «presuntos vínculos» y sin presentar material probatorio, señalando que atribuir delincuencia a una delegación oficial sin certezas jurídicas constituye una «calumnia» dentro del ordenamiento legal del país. Por su parte, la Cancillería iraní en Teherán Restó impacto a la medida tildándola de «gesto vacío» al sostener que prácticamente no existía dinamismo bilateral previo, postura similar a la adoptada ante rupturas regionales como la dictada por el gobierno de Keiko Fujimori en Perú.
La decisión de la administración del presidente Abelardo de la Espriella se enmarca en el realineamiento de la política exterior colombiana con los Estados Unidos, país que libra un conflicto abierto con Teherán tras las operaciones militares que terminaron con la muerte del ayatolá Alí Jamenei y la posterior respuesta militar iraní en el Medio Oriente. Con este paso, que incluye el reconocimiento de la soberanía israelí sobre los Altos del Golán y la de Marruecos sobre el Sáhara Occidental, Colombia se adhiere de forma directa a la estrategia geopolítica liderada por la administración del presidente Donald Trump en la escena internacional.
